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5 pueblos que solo tienen un habitante o casi ninguno, y aun así reciben turistas »

Hay pueblos que se despueblan hasta quedar reducidos a una sola persona, o incluso a ninguna, y en lugar de desaparecer del mapa terminan convirtiéndose en destino turístico precisamente por esa rareza.

La curiosidad de conocer un lugar prácticamente vacío, con su propia historia de resistencia o abandono, atrae a viajeros que buscan algo muy distinto a la ciudad llena de gente. Estos cinco pueblos demuestran que a veces la soledad también puede ser un atractivo turístico.

1. Villa Epecuén, Argentina

Este antiguo balneario turístico bonaerense quedó completamente sumergido en 1985 bajo las aguas saladas del lago Epecuén, y no reapareció hasta casi veinte años después, dejando al descubierto un paisaje fantasmal de árboles petrificados por la sal y ruinas de hoteles.

Pablo Novak vivió como único habitante del pueblo hasta su fallecimiento en 2024, y hoy miles de turistas siguen llegando cada año para caminar entre las calles de este escenario casi postapocalíptico.

2. Vacío, Teruel (España)

Reconocido por el Libro Guinness de los Récords como el pueblo con menos habitantes del mundo, esta localidad turolense no tiene actualmente ningún residente permanente, aunque conserva sus construcciones de piedra dentro del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara.

Su nombre, tan literal como su situación actual, atrae a excursionistas que combinan la visita con rutas de senderismo por uno de los paisajes más espectaculares de Aragón.

3. Buford, Wyoming (Estados Unidos)

Durante años, este diminuto pueblo junto a la interestatal 80 tuvo oficialmente un solo habitante, Don Sammons, hasta que en 2012 decidió vender el pueblo completo, con gasolinera, tienda y vivienda incluidas, por casi un millón de dólares a un comprador chino.

Hoy sigue funcionando como parada de carretera, y los viajeros se detienen específicamente para fotografiarse junto al cartel que anuncia su curiosa historia.

4. Quiñihual, Argentina

A seis horas de Buenos Aires, este caserío bonaerense mantiene con vida su histórica pulpería gracias a Pedro, su único habitante, quien produce su propio pan y cría animales para sostener el lugar.

Sin ningún hospedaje disponible en el propio pueblo, los turistas que llegan hasta ahí suelen alojarse en localidades cercanas y visitar durante el día, atraídos por la curiosidad de conversar con el hombre que decidió no irse.

5. Nagoro, Japón

Conocido como «el pueblo de los espantapájaros», esta aldea japonesa perdió a la mayoría de su población joven durante décadas, hasta quedar con menos de treinta habitantes reales.

Una residente comenzó a crear espantapájaros de tamaño humano para representar a los vecinos que ya no estaban, y hoy cientos de estas figuras superan ampliamente en número a los habitantes vivos, convirtiendo al pueblo en un destino fotográfico tan conmovedor como inquietante.

Sharon Jazmín Sabbagh

Sharon Jazmín Sabbagh

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